Episodio II: ¿quién está de residente de guardia?

Gracias.

Es lo que uno piensa cuando alguien reconoce tu trabajo, y además lo hace públicamente. El post que escribió Natalia (@Natti_DC) para este blog ha sido leído por más de 50.000 personas, muchas de ellas médicos que lo compartieron con sus compañeras enfermeras para mostrar su propio reconocimiento.

Hace algunos días participé en un taller donde entre otros ejercicios, aprendimos la importancia de agradecer aquellas pequeñas cosas positivas que nos suceden cada día y a las personas que las provocan. Nos dimos cuenta de la gran cantidad de oportunidades que perdemos de dar las gracias.

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Fuente imagen: caballerotrueno.wordpress.com

Cuando propuse a una enfermera de la Unidad de Intensivos del Hospital Infanta Cristina  (el mismo donde trabaja Natalia como R3) un post que mostrara el otro lado de esa realidad, la de la Enfermería que recibe, cuida y hace crecer a los residentes, la respuesta estaba redactada casi al instante. Porque lo plasmado en estas líneas no hay que inventarlo, ni imaginarlo, ni adornarlo con palabras vacías. Sale de muy dentro, y se expresa con naturalidad.

Todos recordamos aquellos residentes inseguros, de manos temblorosas al coger una vía central sabiéndose observados por ojos más expertos, y cómo un susurrado “tranquila, vas muy bien” hacia que su expresión se relajase y sus manos se afianzaran.

Porque al final (y al principio) es el equipo lo que cuenta, lo que realmente importa junto con el paciente y su familia, porque cada uno de nosotros aporta valor al conjunto, y es justo reconocerlo.

Y también es justo agradecer a quien lo hace.

¿QUIÉN ESTÁ DE RESIDENTE?

Por una Enfermera del Hospital Infanta Cristina (Badajoz) cuidadohumanizadoenenfermeria

 

Es casi la primera pregunta que hacemos al llegar, el primer contacto del busca, recordar que número de guantes usaremos ese día, la diferencia entre un buen y mal turno? o una costumbre… Hace poco leí en un post, una reflexión de una de nuestras residentes haciendo referencia a nuestro personal, al personal de enfermería. Solía pensar que en el día a día de cualquier interno, aparte de soportar las sesiones clínicas, las visitas detrás de los adjuntos, las pocas horas que os quedan libres preparando alguna publicación quizá para ganar puntos nadie perdería tiempo en ese tipo de reflexiones.

Me equivoqué.

Somos el mismo escenario de fondo, con nuevos actores cada año. Llegáis con esperanzas supongo, con ansias de participar, de ser los mejores. Aparecéis con vuestra mejor sonrisa, las batas recién planchadas, las libretas sin empezar y un fonendoscopio seguramente a juego con algún otro accesorio. A mí me recordaba siempre a una infección… cuando quieres darte cuenta, hay otra persona que no conoces dándote órdenes y a la que tienes que acostumbrarte los siguientes cinco años. Yo solía poneros números (risa), es poco habitual que alguien se presente.

Hace nada cogíais apuntes en la facultad . Aprendéis muchos detalles para tratar a los pacientes, aprendéis que la práctica conduce a la perfección, que las emociones perturban y seguramente hasta tengáis anotado a pie de página que para ser un buen sanitario hay que pensar como sanitario…tragarse las emociones y entrar en un espacio estéril haciendo simple el procedimiento…”canalizar, suturar, cerrar”…, que la clave de la supervivencia cuando eres residente está en “negar”, negar el cansancio, negar que tenéis miedo, ser los preferidos, negar que deseáis el éxito…que en teoría, cuanto mejor se te dé ser neutral, y sólo clínico, más difícil sera cambiar el chip, dejar de pensar como sanitario y recordar lo que se siente cuando piensas como un ser humano.

Pero durante cinco años vosotros sois los médicos, como esos de los que aprendíais. Los mejores y tal vez los peores de vuestra vida profesional, cinco años donde sobrepasaréis vuestros límites. Algunos os marcharéis buscando una especialidad más fácil, otros sucumbiréis a la presión. Unos pocos permaneceréis. Cinco años con todas y cada una de sus horas, en las que os hemos visto pletóricos y también derrumbados… en los que las arrugas cubrirán vuestras batas y dejaréis por cualquier sitio las chuletas (las guardamos), en las que os habéis aprendido nuestros nombres, nuestros rincones “secretos”, nuestras horas del café… y hasta la paciencia para saber que tampoco, a veces, es nuestro mejor día. Cinco años donde os hemos consolado, o animado cuando una situación se ha puesto complicada, donde os hemos visto llorar, o celebrar y donde también nos habéis animado o consolado a nosotros.

todosaunaequiponinos

foto: mikinder.blogspot.com

Siempre se dice que la enfermería permanece a pie de cama las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año, y que hay que tenernos en cuenta… Si me concedo un segundo… creo que es justo hablar de la misma forma del personal residente, porque aunque algunos pasen sin pena ni gloria, otros, sin duda, crean precedentes, hacen mejores nuestros turnos y dejan de ser números para convertirse en parte de nosotros mismos, en parte inolvidable de ese lugar donde pasamos tanto tiempo. Un lugar estresante donde todo se magnifica, donde hay que actuar deprisa, donde cada mano es necesaria y en el que no hay otra manera de sobrevivir… si no es cuidar… y cuidarnos.

No puedo más que agradecer lo aprendido de mis residentes, el apoyo que de la misma forma de ellos he recibido algunas veces, animarles a que continúen a pesar de las dificultades, a que escuchen aunque les toque la enfermera de toda la vida y enterada de turno, es posible que sí lo sepa, aunque sólo sea enfermera, y es posible que confiemos más de lo que creéis, aunque sólo seáis residentes.

Es sobrecogedor y gratificante a la vez que nuestra labor deje de ser invisible y sea mostrada al público con tanto cariño desde el otro lado, que llevéis en vuestras libretas anotados nuestros consejos, de la misma forma que a algunos de vosotros echaremos de menos…tanto…

Quisiera imaginar que con mis palabras, sin dar nombres , ni siquiera el mío, se muestre también en público, que vuestros cinco años, son y serán siempre parte de la unidad, de nuestras vidas, y de esa otra pequeña familia que por suerte, encontramos en un hospital.

Gracias de corazón.

Gracias a Paco, a Eva, a Patricia, a Javi y a Manuel por romper diariamente las barreras de los estamentos. En nuestra UCI no existen.

criticos

Gracias a Sonia, Maria, David, Judith, Ana, Lala, Vanessa, Olga, Sara y Susana por estar siempre ahí, por ayudarnos a ser un poco mejores con vuestro trabajo infatigable, y enseñarnos también, parafraseando a Natalia, que a veces los héroes no llevan bata.

elenfermerodelpendiente

@uciero

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