#VaccinesWorks (no lo digo yo, lo dice la ciencia) por Alex Baggins y David Coll.

Hola de nuevo ucieros!!!!

mucho es el debate que existe en las redes sociales relativo a la libertad que tiene cada una de las personas individualmente en vacunarse contra el COVID o no. Los enfrentamientos con los antivacunas en Twitter o Instagram son realmente desagradables, llegando a la amenaza y el insulto, como hemos comprobado recientemente en Castellón con varias pintadas en los centros sanitarios y agresiones al personal.

Esto tampoco es nuevo. Una encuesta recientemente realizada en mi perfil de Instagram revela que 3 de cada 4 profesionales de la salud han sido agredidos a consecuencia del desarrollo de su actividad. Una verdadera pena y que merece una reflexión profunda desde la administración, colegios profesionales y representantes de los trabajadores.

Pero sí es cierto que uno de los argumentos para la agresión verbal en redes (incoherente como todos los demás) de los antivacunas es que los profesionales estamos «vendidos» a la industria y a los jefes políticos y sanitarios.

Por eso creo muy oportuno salir de nuestro entorno por un momento y aprovechar las conexiones que nos facilitan las redes sociales para que profesionales de otros ámbitos científicos nos expliquen cómo lo ven ellos.

En primer lugar, creo imprescindible considerar que debe haber un espíritu crítico en cada paso que damos como sociedad, y éste debe estar convenientemente justificado. Tengo la fortuna de que un par de gigantes, cada cual en su campo científico, hayan prestado sus voces en este post para sacarnos de estas dudas razonables que puede asaltar a cualquier ciudadano sobre la vacunación:

En primer lugar, pedí al profesor de física y matemáticas de bachiller David Coll (lo conocí y lo seguí inmediatamente por su sensatez y contención en los debates de instagram sobre vacunas desde su visión puramente científica y su pasión docente) que me dijera cómo plantea a sus alumnos la búsqueda de información veraz: aquí tenéis el brillante resultado.

EDUCAR EN ESPÍRITU CRÍTICO (por David Coll)

Cuando hablamos de ciencia no todo vale, no cualquier información es veraz ni todo argumento válido. Decir que algo es ciencia o que un conocimiento es científico no implica que lo sea ni otorga, o no debería, mayor credibilidad.
Hay dos frases (no son de mi repertorio) que resumen de forma muy clara y concisa lo que se expone en este texto, las cuales cito en reiteradas ocasiones a mis alumnos para que reflexionen y podamos debatir sobre ellas:

El plural de anécdota es anécdotas, no evidencia científica.

Si requiere de creencia, no es ciencia.

La ciencia permite al ser humano comprender y dar sentido a nuestro entorno, más allá de creencias e ideologías. Esta se basa en la obtención de resultados contrastables, reproducibles y rigurosamente revisados, basados ​​en la observación, la experimentación y el razonamiento, con el objetivo de mejorar el conocimiento que tenemos sobre realidad y los fenómenos que nos rodean.

Que algo esté de moda no implica que sea científico, que alguien afirme fervientemente que algo funciona (o no) no significa que tenga razón y que esté en internet o publicado en redes sociales no implica que sea veraz. Con este tipo de problemas (creer sin contrastar o sin preguntarse el porqué) nos encontramos a diario en la sociedad, consecuencia de la falta de espíritu crítico, de la prevalencia de las creencias y del exceso de información (lo que genera desinformación). En mis clases de ciencias reitero constantemente a mis alumnos que se cuestionen lo que les explico, que entiendan, que critiquen, y que sobre todo duden. No porque alguien te diga que algo es de una forma y no de otra tienes que creértelo, pues es obligación de quien expone facilitar los argumentos necesarios para ser creído y las fuentes consultadas y de quien escucha corroborar y verificar esas fuentes.

En este sentido, desde el ámbito educativo, es necesario e imperioso adoptar un rol que permita al alumnado adquirir la preparación y la formación necesarias para:

– Tener una visión crítica y fundamentada del contexto y de los sucesos que lo rodean.

– Promover el interés hacia la investigación.

– Usar la lógica y el razonamiento como fuente única para llegar a conclusiones válidas.

– Entender la importancia de la existencia de un modelo sistemático y riguroso para investigar, el método científico.

Comprender la necesidad de establecer metodologías discriminatorias y validadoras de los resultados obtenidos, como son los estudios científicos, los ensayos clínicos y sus posteriores revisiones y validaciones (rigurosas, implacables y, en ocasiones, incluso excesivas).

Así, en la docencia, es vital hacer reflexionar a los alumnos sobre el hecho de que no todo el conocimiento ni todo lo que se lee es ciencia y que no quien tiene más seguidores publica ciencia (importante remarcarlo en los tiempos en que vivimos). La ciencia no depende de las creencias, de las
opiniones o de lo que uno crea correcto, la ciencia depende única y exclusivamente de los resultados empíricos, contrastables, reproducibles y controlados, de forma estricta y sistemática, que se pueden conseguir únicamente con unas metodologías basadas en la evidencia. Por este motivo, en medicina, por ejemplo, (uno de los campos más controlados y rigurosos de la ciencia que, inexplicablemente, ha sido objeto de enorme crítica y de opiniones adversas, a raíz del COVID-19), hace ya unos tres siglos, se establecieron unos criterios extremadamente estrictos a la hora de investigar y otorgar validez científica a los resultados obtenidos, conocidos como ensayos clínicos (y sus posteriores revisiones previa publicación). En las épocas antiguas (lamentablemente hasta finales del siglo XIX) los tratamientos médicos se basaban, en muchas ocasiones, en métodos exotéricos, como sangrías o equilibrios entre humores, que conseguían acabar con más vidas de las que salvaban. Por suerte, la ciencia se sobrepuso a la creencia.


El no saber, el desconocimiento, pero sobre todo la falta de criterio selectivo en las fuentes de información, hace que personas con el don de la palabra puedan inmiscuirse dentro de la sociedad como portadores de la verdad y de la razón, sin aportar datos contrastados ni sometidos a revisión, o no de la forma en que se debería. Es por este motivo que es tan importante enseñar a los alumnos a ser críticos, a saber buscar información y a saber contrastar fuentes.

Ésta es, o debería ser, una de las principales y más importantes labores docentes.

David Coll

Ahora que ya tenemos sentadas las bases de lo que debemos creer o no, y por qué debemos hacerlo, es hora de preguntarnos cuáles son las cinco afirmaciones que a fecha de hoy podemos hacer sobre la vacuna del COVID19, que tanto encendido debate ha suscitado (y sigue haciéndolo) en las redes sociales.

Para ello he invitado a mi admirado Alex Baggins (@Dr_Pilgrim) como Doctor en Bioquímica, biología molecular y biomedicina, cuya tesis doctoral se basó en el coronavirus, para que nos plantee qué sabemos hoy con certeza porque, como decía David Coll, está científicamente demostrado.

1. La vacuna protege del agravamiento de la enfermedad.

Tal y como se ha demostrado en ensayos completados, en estudios de campo (hospitales, centros de salud, poblacionales…) las vacunas COVID-19 han resultado seguras y efectivas en la reducción tanto de patología grave como de mortalidad.

La velocidad a la que se han diseñado, fabricado y administrado las primeras vacunas ha sorprendido tanto que causa escepticismo sobre si son seguras. La realidad es que se han cumplido todos los protocolos y fases habituales en estos procedimientos. Además, todos los resultados de los ensayos clínicos son públicos y se pueden consultar.

https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/nejmoa2034577
https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)02183-8/fulltext
https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/vaccines/different-vaccines/Pfizer-BioNTech.html

2. La vacuna desciende la capacidad de contagiar.

En efecto, desde el principio se ha señalado que el objetivo de estas vacunas ha sido disminuir la gravedad de la patología COVID-19 y su mortalidad. Lo cierto es que nunca, antes de su desarrollo, se propuso que redujeran la transmisión y por eso se insistió en seguir utilizando herramientas de barrera para evitarlo.
Pero curiosamente, tras ver y estudiar su efecto a medio plazo, se ha podido ver que sí que reducen la transmisión del SARS-CoV-2, aunque no en un % tan alto como su reducción de la patología. Esto se debe a varios factores:

La carga viral se reduce más rápido

La replicación viral es menor

El aclaramiento antigénico ocurre antes

EVIDENCIA:
https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2116597
https://www.thelancet.com/journals/laninf/article/PIIS1473-3099(21)00690-3/fulltext
https://www.thelancet.com/journals/laninf/article/PIIS1473-3099(21)00648-4/fulltext

En el caso de la nueva variante Omicron, está claro que ha aumentado su capacidad de transmisión y adhesión a la célula. Los anticuerpos neutralizantes desarrollados por las vacunas, han reducido su efectividad (70% en lugar de 95%), pero también se ha visto, que la respuesta celular (linfocitos T) es efectiva y específica frente a esta variante. Esta respuesta se activa una vez el virus ha infectado la célula, y evita el desarrollo de la patología, por ello la mayoría de casos que estamos viendo, son leves, lo cual no significa necesariamente que esta variante lo sea.

https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMc2119270

3. La vacuna en niños no es más peligrosa que el apiretal.

En efecto, tanto los ensayos de seguridad en niños (de 5 a 12 años) como la eficacia de las vacunas COVID-19, han demostrado seguridad y efectividad.


https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2116298


Como se suele utilizar, aunque de manera errónea, los datos de bases como VAERS, en cuanto a estas vacunas, en niños, se han registrado los efectos secundarios de las vacunas en este rango de edad.

Cabe destacar que estos casos no han sido confirmados por el CDC ni la FDA, pero aun así vamos a ponerlos en contexto:

El 97.6% de los efectos notificados en VAERS son leves, como fiebre (29%), vómitos (21%) y elevación de troponina (15%). 2 casos del total reportaron convulsiones, de las que se recuperaron en el momento en que se escribió el informe (diciembre 2021) y 2 casos de muertes fueron reportados aunque el CDC no ha establecido relación con la vacuna, debido al historial médico de ambos y el análisis de las causas.


https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/70/wr/mm705152a1.htm

4. ¿No se ve necesaria la vacunación en niños?
Actualmente, hay una creencia u opinión extendida de que esta patología no afecta o afecta de forma leve a los niños y que por ello, no necesitan esta vacunación.
La verdad es que, por poner un ejemplo, en España, durante 2021, han sido hospitalizados 3.259 niños menores de 10 años por COVID-19. 170 han estado en UCI y 25 han fallecido por culpa del SARS-CoV-2. Estos datos, previos a la nueva variante, que tiene mayor facilidad de transmisión. Es fácil hacer una comparativa por la que, aunque el % de niños con signos graves o fatales sea bajo, a mayor número de contagios, mayor será este %

FUENTES:
https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/vaccines/recommendations/children-teens.html
https://www.hopkinsmedicine.org/health/conditions-and-diseases/coronavirus/covid19-vaccine-what-parents-need-to-know
https://www.ema.europa.eu/en/news/comirnaty-covid-19-vaccine-ema-recommends-approval-children-aged-5-11
https://vacunasaep.org/profesionales/noticias/covid-19-vacunacion-ninos-5-11a-consenso-SEIP-y-CAV

5. Las variantes NO SON consecuencia de la vacunación.

Otro de los mantras que hemos podido leer o escuchar es el término “variantes de escape” o que las vacunas producen las nuevas variantes. No es cierto.

Por poner uno de los ejemplos más mencionados, Reino Unido empezó la campaña de vacunación el 8 de diciembre (2020), convirtiéndose en en el primer país occidental en distribuir una vacuna frente a la COVID-19 (la vacuna de Pfizer/BioNTech). Sin embargo, las variantes identificadas en Reino Unido estaban circulando al menos desde septiembre. Mucho antes de empezar a vacunar.
Algo básico en virología pero que no todo el mundo comprende, es que las mutaciones de los virus se dan al azar, no están dirigidas. El virus no muta porque “quiere adaptarse” o “quiere cambiar para mejorar”. La selección no ocurre de este modo.

Dentro de los errores que los coronavirus introducen en su ARN al replicarse, que ocurren al azar, algunos, y repetimos, por puro azar, producen proteínas o mecanismos que permiten que el virus infecte mejor a un tipo de célula, se transporte mejor en tejidos, replique más rápido, o evada la respuesta inmunitaria por ejemplo, bloqueando la síntesis de interferón. Si estas mutaciones aleatorias, se establecen en un coronavirus que infecta a varias personas, y se transmite, se acabará estableciendo una nueva variante significativa.
Esto significa, que lo único que da posibilidades al SARS-CoV-2 para mutar y cambiar, es su replicación y su transmisión. Le damos más oportunidades con cada persona nueva que infecta y transmite.
Por ello, debido a que las vacunas, como se ha expuesto, reducen la replicación y la transmisión, éstas, junto a las medidas ya conocidas para evitar contagios, son la mejor herramienta que tenemos de evitar nuevas variantes.

Alex Baggins

Poco más que añadir. Sobre todo darles un millón de gracias a ambos por ilustrarnos desde la ciencia y reafirmarnos en que lo que estamos haciendo lo estamos haciendo bien, sustentado no por intereses de ningún tipo como quieren ver algunos, sino por pruebas contundentes que lo avalan.

Os comparto nuevamente los perfiles en redes de los autores, desde mi punto de vista imprescindibles:

TWITTER Alex Baggins (@Dr_Pilgrim)

INSTAGRAM David Coll

Gracias!

elenfermerodelpendiente

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